Cuando el juez decide que Sánchez también merece un Óscar en el culebrón de Begoña

Cuando el juez decide que Sánchez también merece un Óscar en el culebrón de Begoña
España, ese país donde la realidad siempre compite con Netflix y gana por goleada, nos regala ahora un nuevo capítulo: el juez ha decidido que Pedro Sánchez no puede quedarse en el banquillo de figurantes y le ha dado papel protagonista en el sainete judicial de su señora, Begoña Gómez. Porque claro, ¿qué es un buen culebrón sin que el marido aparezca como personaje fundamental? Esto no es política, esto es Cuéntame cómo lo imputo.
El magistrado, probablemente cansado de ver cómo el guion se desinflaba, sacó la pluma roja y dijo: “A ver, aquí falta un actor, alguien con más carisma, alguien con poder… ¡Llamen a Sánchez!”. Y pum, ya tenemos al Presidente convertido en secundario de lujo, como esos cameos inesperados en las pelis cutres de sobremesa donde de repente aparece Chuck Norris para salvar la escena. Solo que aquí no salva nada, sino que queda retratado con cara de póker en la portada de todos los periódicos.
Lo mejor de todo es cómo reaccionan los bandos. Los fans del Gobierno se indignan, claman persecución política y ponen emojis de fuego en Twitter. Los de la oposición se frotan las manos como si les hubieran regalado jamón de pata negra en Navidad. Y los ciudadanos de a pie… bueno, ellos siguen mirando la factura de la luz, preguntándose si el enchufe de Begoña también cuenta como gasto público.
La narrativa es deliciosa: un presidente que un día se levanta pensando en el Falcon, las cumbres internacionales y la foto con Biden, y al siguiente descubre que la Justicia lo ha fichado como “actor fundamental” en una telenovela de corrupción con más giros de guion que “La que se avecina”. Solo falta que aparezca Resines y nos despierte de este mal sueño diciendo que todo era una pesadilla.
El esperpento alcanza niveles cósmicos cuando la prensa decide que ya no hay diferencia entre información, rumor y salsa rosa. Ya no hablamos de supuestos contratos, adjudicaciones raras o correos misteriosos: ahora hablamos de “papeles fundamentales”. ¿Qué significa eso exactamente? Pues lo que a cada periodista le dé la gana. Para unos, Sánchez está a punto de ser esposado en directo en el Congreso; para otros, es una persecución digna de la Inquisición. Lo cierto es que, mientras tanto, la audiencia sube y los titulares venden. Win-win.
Pero no nos engañemos: aquí el verdadero papel fundamental lo tenemos los ciudadanos, esos extras que nunca cobran y siempre aparecen en las escenas de relleno: la cola del paro, el metro lleno, la consulta médica con cita para dentro de seis meses… Mientras ellos juegan al Monopoly con los juzgados y los despachos ministeriales, nosotros miramos cómo la casilla de salida está cada vez más lejos y el banco siempre gana.
Lo surrealista es imaginar la convivencia en Moncloa: Begoña ensayando delante del espejo sus líneas de defensa, Sánchez repasando sus discursos de presidente ofendido, y el juez en casa, con palomitas, disfrutando de cómo cada auto judicial convierte España en un capítulo más de una comedia negra sin final feliz.
Así que nada, ya lo saben: si pensaban que esto no podía dar más de sí, prepárense. El próximo episodio podría incluir a la mascota oficial de Moncloa como cómplice involuntario o a la abuela de Begoña declarando en el Senado. Todo es posible en el multiverso patrio donde lo fundamental no es la justicia, ni la ética, ni el gobierno… sino tener siempre un buen escándalo listo para la sobremesa.
Y mientras tanto, nosotros seguimos aquí, víctimas y espectadores, aplaudiendo como público enlatado cada vez que el guion da otro giro absurdo. Bienvenidos al show. No hay descanso, no hay vergüenza, y desde luego, no hay botón de apagar.
